domingo, 1 de noviembre de 2009

La gorda que quería vestirse como flaca


Pensé que no volvería sentirlo, lo había sentido como algo ajeno a mí, ligado a cuestiones pasadas. Pero acá estoy, en un eterno deja vú. Repitiendo los capítulos más ambiguos de mi vida, la felicidad de los kilos perdidos y el sabor no calorico de la perfección, y la mezcla del dolor en el pecho, de la lágrima al borde de la muerte en mis oscuras pestañas, por ver la imperfección de mi anatomía. El eterno castigo de ver observar la devolución de un espejo, la maldición de palpar la flacidez incipiente, la frustración de que la ropa hermosa ya no sube por la carne que acumulan mis caderas, gluteos, abdómen, cualquier rincón de mi cuerpo es objetivo de mi organismo para depósito de grasa, pero yo soy la culpable, todo queda en mis manos, o nunca mejor dicho, en mi boca.




Ustedes saben de la historia del que fue por muchos años mi novio, me separé después de soportar durante años vejaciones, sigo viendolo ocasionalmente, me compra cosas, y me lleva a comer. De sexo ni hablar, no consigue mantener una erección cuando estamos juntos, no lo culpo, sólo falta mirarme para caer en cuenta de las sensaciones de asco y compasión que debo transmitir. ¿Se acuerdan como siempre me torturó con sus apelativos a mi gordura, con sus ácidos comentarios a la hora de una cena?, Si los recuerdan, entenderán porque la vida regresa todo, como nos devuelve la saliva que lanzamos al cielo, creyendo vencer la gravedad, venciendo elementalidades enfrentadas en vano, así es, hoy en día el pesa 95 kg, con una altura de 1.65 aprox, lo cual lo convierte en una persona con un sobrepeso muy considerable, y verlo sólo me transmite asco por su fisico, sin embargo ataduras invisibles me siguen uniendo a su persona.
He conocido a otros hombres, pero el sexo fue lo único rescatable de esas relaciones tan espóntaneas, que asemejan el sonido del crepitar de una hoja de otoño, pisada como lo soy por mi propia vida, vejada por la gordura, mi madre, mi ex, la perfección...Unos segundos de efímera sensación de aprecio, un elogio y una caricia de turno al cuerpo que me condena a este camino.





Con una cefalea, muy rara en mi, escribo sintiendome una falacia en persona. La dieta que publique anteriormente, me fue imposible llevarla a cabo, más que nada, porque al llegar de la facultad, me veo con mi madre esperandome con la cena, y la familia en la mesa ¿Cómo huir de aquel corral, en el cual me cierran las puertas antes de entrar?. Y así sigue...y no quiero recurrir a mia, no quiero escaparme por escurridizos dedos de mi desafío. Lo mio debe ser límite, tajante, digno de una princesa, no sucumbir ante vomitos y comidas, no quiero eso más.













Escucho, y quiero seguir lo que me dicen. Me habla, en una ráfaga de señales, mi ropa me habla, me flagela por medio de marcas rojizas en mi piel que indican la presión de ella sobre mi insipiente abdomen. Me somete, a través de ceñirse a mis formas redondeadas, marcando hasta el más mínimo detalle de la imperfección. Se burla, porque en mi cuerpo no adopta el motivo que adopta en el cuerpo de una mujer delgada, sino que se metamorfosea en algo grotesco y burlón.
Y si no la escucho...se rinde, muere. Su destino es el fondo del armario, donde sus gritos son ahogados por ropa mucho más grande que eclosiona los sonidos. Pero día a día, al abrir la puerta del closet, y sacar la nueva prenda más holgada, la escuchó decir "Gorda, nunca más entrarás acá...gorda, gorda, gorda...La gorda jamás podrá vestir como flaca...Jamás"





Se escapa la gelidez de los vientos que obligaba a cubrir con trapos mi obeso cuerpo, con enormes harapos que mienten a la sociedad exigente de estereotipos cada vez más alejados de mi abundante carne.
Aparecen los rayos solares que exigen ligereza, pero yo soy la antitesis de tal condición. Soy lo pesada, lo burdo, lo poco admirable. Siempre la contradicción, la rebelde, mientras todos van hacia la derecha, creo que el camino correcto se ubica a la izquiera. Y viró, y cuando me doy cuenta de mi error, es demasiado tarde.
No hay ropa que pueda ocultar la fealdad de un rollo o de unas piernas gordas, no hay brazos que puedan cubrirme ni lugares para esconderme. Soy un abandono.
Es cada vez más díficil curarme de la obesidad si me abandono tan fácil. Añoro voluntad...














La Dieta de Christian Bale













Ese es Christian Bale. Un tipazo de gran cuerpo, que logró bajar 28 kg, en seis meses. Christian pesaba 84 kg, y rebajó hasta los 58 kg, sin embargo, quería rebajar hasta los 50 kg, pero los productores no se lo permitieron.

Mi idea es seguir la dieta que realizó, para poder bajar la tripa horrible que tengo, no creo que por seis meses, pero sería ideal mantenerla hasta rebajar unos 15 kg.

La dieta se basa en agua, y en comer por día una manzana y una lata de atún (cosa que yo obviaria, porque soy vegana), café y cigarillos. No superando las 200 cal diarias.
Hacer bastante cardio mientras se pueda, porque va a llegar un momento en que no va a haber energía para tal actividad, pero por lo tanto, hay que gastar esas reservas de grasa.

Christian recomienda estar tranquilo, sereno, y mentalizarse, con fuerza de voluntad y buscar hasta que límite podes empujar nuestros cuerpos.











Con voluntad, todo es posible