Pensé que no volvería sentirlo, lo había sentido como algo ajeno a mí, ligado a cuestiones pasadas. Pero acá estoy, en un eterno deja vú. Repitiendo los capítulos más ambiguos de mi vida, la felicidad de los kilos perdidos y el sabor no calorico de la perfección, y la mezcla del dolor en el pecho, de la lágrima al borde de la muerte en mis oscuras pestañas, por ver la imperfección de mi anatomía. El eterno castigo de ver observar la devolución de un espejo, la maldición de palpar la flacidez incipiente, la frustración de que la ropa hermosa ya no sube por la carne que acumulan mis caderas, gluteos, abdómen, cualquier rincón de mi cuerpo es objetivo de mi organismo para depósito de grasa, pero yo soy la culpable, todo queda en mis manos, o nunca mejor dicho, en mi boca.
Ustedes saben de la historia del que fue por muchos años mi novio, me separé después de soportar durante años vejaciones, sigo viendolo ocasionalmente, me compra cosas, y me lleva a comer. De sexo ni hablar, no consigue mantener una erección cuando estamos juntos, no lo culpo, sólo falta mirarme para caer en cuenta de las sensaciones de asco y compasión que debo transmitir. ¿Se acuerdan como siempre me torturó con sus apelativos a mi gordura, con sus ácidos comentarios a la hora de una cena?, Si los recuerdan, entenderán porque la vida regresa todo, como nos devuelve la saliva que lanzamos al cielo, creyendo vencer la gravedad, venciendo elementalidades enfrentadas en vano, así es, hoy en día el pesa 95 kg, con una altura de 1.65 aprox, lo cual lo convierte en una persona con un sobrepeso muy considerable, y verlo sólo me transmite asco por su fisico, sin embargo ataduras invisibles me siguen uniendo a su persona.He conocido a otros hombres, pero el sexo fue lo único rescatable de esas relaciones tan espóntaneas, que asemejan el sonido del crepitar de una hoja de otoño, pisada como lo soy por mi propia vida, vejada por la gordura, mi madre, mi ex, la perfección...Unos segundos de efímera sensación de aprecio, un elogio y una caricia de turno al cuerpo que me condena a este camino.
Con una cefalea, muy rara en mi, escribo sintiendome una falacia en persona. La dieta que publique anteriormente, me fue imposible llevarla a cabo, más que nada, porque al llegar de la facultad, me veo con mi madre esperandome con la cena, y la familia en la mesa ¿Cómo huir de aquel corral, en el cual me cierran las puertas antes de entrar?. Y así sigue...y no quiero recurrir a mia, no quiero escaparme por escurridizos dedos de mi desafío. Lo mio debe ser límite, tajante, digno de una princesa, no sucumbir ante vomitos y comidas, no quiero eso más.

Escucho, y quiero seguir lo que me dicen. Me habla, en una ráfaga de señales, mi ropa me habla, me flagela por medio de marcas rojizas en mi piel que indican la presión de ella sobre mi insipiente abdomen. Me somete, a través de ceñirse a mis formas redondeadas, marcando hasta el más mínimo detalle de la imperfección. Se burla, porque en mi cuerpo no adopta el motivo que adopta en el cuerpo de una mujer delgada, sino que se metamorfosea en algo grotesco y burlón.
Y si no la escucho...se rinde, muere. Su destino es el fondo del armario, donde sus gritos son ahogados por ropa mucho más grande que eclosiona los sonidos. Pero día a día, al abrir la puerta del closet, y sacar la nueva prenda más holgada, la escuchó decir "Gorda, nunca más entrarás acá...gorda, gorda, gorda...La gorda jamás podrá vestir como flaca...Jamás"





























